David Bisbal es uno de los rostros más reconocidos de la música española. Desde su paso por ‘Operación Triunfo’ a principios de los 2000, en mayor o menor medida siempre ha tenido los focos sobre él, ya sea arriba o abajo del escenario -con sus canciones o con sus relaciones personales-.
Sin embargo, hay una vertiente más desconocida del artista: la deportiva. Y es que, para sorpresa de muchos, Bisbal fue ciclista.
Duró poco tiempo, apenas un par de años, el tiempo en el que se dio cuenta de que el ciclismo requería un nivel de entrega y esfuerzo que él, en aquel momento, no podía afrontar. “Estuve con 15 y 16 años en juveniles. No pasé a aficionado porque realmente era un deporte muy exigente y cuando competía contra otros corredores de mi de mi edad, decía, ‘pero si es que este tío, ¿cómo puede cómo puede aguantar tanto?'”, explicaba Bisbal en el podcast ‘Cracks’ del influencer de inversiones Oso Trava.
Esas diferencias que él notaba iban más allá de las subidas: “Ya no te digo ascendiendo, es que bajando me pasaban a una velocidad alucinante”. Fue entonces cuando lo descartó. “No, esto no es para mí”, reconocía.
Y no solo por una cuestión deportiva, sino personal: “Me estaba perdiendo estar con mis amigos, estar con mi familia, y esa disciplina deportiva de come bien, duerme bien, no salgas”. Es ahí cuando empezó a admirar profundamente a los profesionales: “Por eso empecé a admirar tanto a los deportistas de élite, porque durante ese proceso de llegar a alcanzar sus sueños está el perderse muchas cosas de su vida”. “Luego me hice cantante y fue peor”, remataba entre risas.
Y es que, tal y como el propio Bisbal reconocía, la música también le había privado de vivir muchas cosas, sobre todo entre los 18 y los 21 años: “Me perdí el 80 cumpleaños de mi abuelo, Navidades, eventos familiares y hasta el fallecimiento de un amigo del grupo”.
Han pasado años desde aquellos tiempos de sacrificio. Hoy difruta de una carrera exitosa con su música y con la bicicleta cuando puede. La dejó a nivel profesional, pero la sigue disfrutando como aficionado: “He elegido un deporte como el ciclismo que me aporta mucho. Hay veces, cuando me voy a la sierra de Madrid o al desierto de Taberna de Almería con la bicicleta y estoy en mitad de la nada, en un pinar y pienso, cómo me gustaría que que mis hijos estuvieran aquí o mi esposa’, o soy consciente de que aquí la gente de la ciudad no viene nunca. Yo me quedo respirando y es una belleza, pero después toca hacer una serie y sufres otra vez”, termina sonriendo.


